Priego es un municipio de Córdoba que junto a las aldeas de alrededor cuenta con más de 20.000 habitantes. Desde hace unos años la presencia de los inmigrantes va en aumento. Una pequeña pero activa asociación, «LugarSur», trabaja por la convivencia e integración de estas personas que acuden a trabajar en las faenas del campo. Tarea nada fácil en un ambiente que desconfía de los que vienen de fuera.
Hace unos años, la plaza del Ayuntamiento de Priego estaba repleta de inmigrantes en busca de trabajo. Como si un muro invisible les separara, extranjeros y autóctonos mantenían las distancias, se veían pero no se miraban. Sólo aquellos que necesitaban sus servicios traspasaban la barrera para conseguir la mano de obra que les faltaba.
«Un grupo de personas sensibilizadas decidimos romper ese cerco, apostar por integramos y conocemos desde el respeto a las ideas y culturales de cada uno», rememora Carmen Mérida, presidenta de la Asociación Lugarsur. Al principio, el hielo se rompió de forma informal, invitaban a los inmigrantes con los que tenían alguna relación, la mayoría ecuatorianos, a mantener una reunión con las personas que querían crear la asociación. Con los marroquíes era más difícil, tal vez por el obstáculo del idioma, tal vez porque había menos contacto.
Con el asesoramiento de una psicóloga prepararon primero unas encuestas para conocer las necesidades y preocupación de los inmigrantes, para más tarde elaborar los estatutos de la Asociación y los primeros proyectos solidarios. En 2002 se constituyó como tal la asociación, volcada en ayudar a los extranjeros a resolver los problemas de papeles y en acompañarles en la nueva vida que estaban iniciando en un país que no era el suyo.
«Muchos de ellos necesitaban hablar de sus problemas, de sus sentimientos, ante la situación que estaban viviendo. En principio, queríamos prestar ayuda psicológica pero sólo acudían las mujeres, así que nos conformamos con ir creando espacios de encuentro donde conversar tranquilamente», dice Carmen.
Pronto el asesoramiento jurídico se convirtió en el servicio más demandado, para lo cual hubo que contar con un abogado y un despacho improvisado, en un local cedido por el ayuntamiento que a la vez servía de lugar de reunión, sala de conferencias e incluso centro logístico. Poco a poco, los inmigrantes fueron enterándose de que algunas personas les prestaban apoyo y dándose cuenta de que estaban disponibles para ellos las 24 horas del día. Cerca de 100 personas fueron atendidas el año pasado en este servicio, especialmente demandado ante el proceso extraordinario de normalización de inrnigrantes.
Sin embargo, «necesitábamos cada vez más recursos. Empezamos intentando solucionar sus necesidades más básicas, como la falta de trabajo, de dinero, de ropa para bebés e incluso atendiendo algunos casos de malos tratos», explica Carmen, que cuenta con naturalidad como fueron pidiendo subvenciones a todas las administraciones públicas a su alcance (Ayuntamiento, Junta de Andalucía y Diputación de Córdoba) para poner en marcha
servicios para los inmigrantes y campañas de sensibilización.
Desde un principio, los miembros de LugarSur entendieron que tenían que complementar los servicios sociales públicos, animando a las administraciones a reforzar y ampliar las prestaciones dirigidas a los inmigrantes y llegando donde ellas no podían o no querían.
El acceso a una vivienda digna por parte de los inmigrantes no es fácil. A la disponibilidad económica que requiere, hay que añadir los muchos prejuicios que hoy en día siguen pesando, y desgraciadamente mucho, sobre los propietarios. Para atender esta necesidad, LugarSur puso en marcha un servicio de alojamiento normalizado que consiste en que la asociación hace de mediador entre el inmigrante que busca un piso alquilado y el propietario, de modo que es la entidad de solidaridad la que se responsabiliza de los posibles desperfectos que pudiera sufrir el inmueble, así como de dialogar en caso de conflictos de convivencia.
En la actualidad hay cerca de 10 pisos en alquiler ocupados con los inmigrantes que quieren convertir Priego en su lugar habitual de residencia.
Otra de sus acciones es la apertura de un Centro de Día para inmigrantes. El local de la asociación durante las campañas agrícolas, fundamentalmente la de la aceituna, se convierte en un comedor, dotado además de servicio de ducha y lavado de ropa. Un grupo de voluntarios reparte la comida, cuida las instalaciones y mantiene listos los demás servicios. La financiación pública hace posible el mantenimiento de la infraestructura necesaria.
Pero también hay un trabajo pendiente por hacer entre la población autóctona que en una parte aún muy significativa responde con indiferencia cuando no con rechazo abierto a los inmigrantes que viven y trabajan entre ellos. «Sobre todo se nota, cierto rechazo hacia los marroquíes. Si no dan la cara, si no se les ve no hay problemas, pero a la mínima insinuación de que hay un marroquí implicado en algún altercado callejero, sea pelea durante los fines de semana o botellón, se lía. Incluso en los medios de comunicación no se ahorran la nacionalidad cuando se trata de estos sucesos, aunque no estén comprobados», se lamenta Carmen.
Por ello, promueven charlas informativas y sesiones en los institutos de la zona. «Si aquí hablas del patrimonio cultural del pueblo te viene mucha gente, pero si empiezas a hablar de enriquecimiento cultural, de diversidad y multiculturalidad cuesta bastante más», expone Carmen, quien recuerda la sorpresa negativa que le causaron algunas opiniones expresadas por los estudiantes.
Desgraciadamente, ese rechazo, a veces torpemente expresado, otras, tácitamente consentido, existe todavía en Priego y ha conseguido que durante la última campaña de la aceituna no pudiera abrirse un albergue para los inmigrantes. Carmen recuerda: «Habíamos conseguido un local, dinero y el apoyo de las instituciones para poder ofrecer techo a los que vienen a la aceituna. Cuando sólo quedaba abrirlo, los vecinos se manifestaron en contra». Las autoridades, que en general no han puesto impedimento a las acciones de LugarSur, e incluso financian sus actividades, se echaron para atrás en este caso, ante el malestar vecinal.
Hechos tan lamentables como estos no desaniman a Carmen, sino que confirman que todavía queda mucho por hacer y que están en el buen camino. «Como cristiana mantengo la esperanza y esa esperanza además se alimenta al ver que no faltan voluntarios para atender el comedor de inmigrantes
y que encuentras gente dispuesta a implicarse en la asociación» .
Entrevista de la revista Noticias Obreras a la presidenta de la Asociación LugarSur Mª Carmen Mérida.